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De la calidad de las personas
10 de febrero de 2012
De la calidad de las personas
Las personas, como los vinos y las espadas, tiene su calidad. De todo habrá y en todo grado podremos encontrar, claro está. Si bien, raros son los casos elevados. Habrá gente de trato más o menos dulce o áspero, de sabor intenso o fuerte personalidad. Otros tipos, en cambio, serán aguados o inanes, sin una idea propia en la cabeza. De ingenio agudo y afilado y penetrante, o de entendimiento romo y sin filo. Unos serán de ánimo muy fuerte y esforzado; otros, quebradizos al primer golpe. Personas brillantes u oscuros y oxidados; nobles y leales o traicioneras e inconstantes; rectas y sin doblez o melladas y trabadas. Bellas y elegantes o de gusto vulgar y chavacano. En fin, de todo podremos encontrar.
Pero todo esto sería, más que calidad de la persona, cualidades cuya resultante es. Diría yo que la calidad de la persona viene a resumirse en la nobleza de corazón, si es que esto significa algo en los tiempos oscuros que corren. Es peligroso poner la confianza en las personas, fiados de sus magníficas cualeidades, porque nunca se sabe qué hay en verdad en el fondo de sus corazones. Yo lo hubiera apostado todo por ti... y lo habría perdido... o no. Nunca se sabe, aunque alta ciencia es saber interpretar los signos y pistas que se nos dan.
Ah, qué tontería, pero para qué decir nada, si todo esto ya se sabe. Todo el mundo lo sabe... Todo el mundo lo sabe menos yo. Ven, siéntate aquí y cuéntame... el secreto de tu corazóhn. Y yo te creeré, una vez más. Y una vez más caerá la moneda. Mira, mírala, allí viene, saliendo de una estrella. ¡Ay! ¡Que me ha dado en el ojo!
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